PRONUNCIADO ANTE LA ESTATUA DE MORAZÁN POR ALVARO CONTRERAS

FRANCISCO MORAZÁN

“Estamos en presencia de la personificación en bronce del primer héroe centroamericano. El cincel del artista ha venido a inmortalizar la noble imagen del hombre extraordinario que por maravillosa manera supo improvisarse el señor de la victoria, el numen del patriotismo, el genio de la libertad, el inmortal favorito de la guerra.

Desde que Morazán entre en escena deja de ser un hombre para convertirse en una misión.

Su figura gigantesca no se puede medir por la falta de los caudillos, porque ha venido de lo ignorado con la fuerza prodigiosa de un destino que deslumbra, que se impone para realizar una grande idea, para ser el alma de un sistema, para luchar y morir por la transfiguración de un pueblo.

Esa idea es la unificación compacta de la nacionalidad centroamericana.Ese sistema es el gobierno de la libertad, organizado en instituciones que promueven la constante ascensión del hombre hacia una vida superior.

Esa transfiguración es la imagen de la Patria engrandecida por el desarrollo integral de todas sus fuerzas, de todas sus facultades, de todos sus elementos de perfección y de poder.
Suprimid el genio de Morazán, y habréis aniquilado el alma de la historia de Centroamérica.

Sin la acción del héroe desaparece el drama de nuestra vida nacional.Sin ella no es posible hallar clave de filosófica expresión al biografía de la familia centroamericana.

Protagonista de una gran tragedia, nuestro gran Capitán se destaca fascinador desde su primer campo de batalla, de donde se le ve en todas partes, llevando sobre su frente aquella aureola de los predestinados que se hacen sentir de un modo misterioso pero formidable.

El es el sol que se alza en el Oriente de nuestra existencia como nacionalidad emancipada.Desde su aurora hasta su ocaso, no es posible verle con el ojo sereno de la indiferencia.

El no puede menos que causar deslumbramientos.En unos, el éxtasis profundo de la admiración.En otros, la insania de la cólera desesperada por su impotencia.

En los espíritus jóvenes y sedientos de progreso, ese deslumbramiento es algo como los embelesos de ideal que llena la imaginación de pintorescas ilusiones.

Es algo como las perspectivas lontananzas de lo porvenir, en que las palmas y las coronas de la gloria forman la primera visión de la almas elevadas.

Por eso el General Morazán es saludado, en acordes de admiración y simpatía por el partido de la libertad, desde que se revela como el genio tutelar de la revolución emancipadora, como el apóstol armando del pueblo que quiere adelantar, como el reformador que necesita la sociedad para destruir los errores y las iniquidades que rebajan su naturaleza.

El último disparo del triunfo en el campo de La Trinidad, al Sur de Honduras, le proclaman por decreto de la Providencia, el más eximio representante de la Patria en sus ardientes impulsos de civilización y libertad.

¿En dónde aprendió la táctica, en dónde de la estrategia el que tan alto levantó el pedestal de su fama en una rápida carrera de triunfos inmortales?
Morazán se hizo táctico y estratégico en presencia de sus enemigos, al vencerlos.

El tenía el arte de la guerra escrito en el libro invisible de su genio, que reveló sus páginas al mundo en constantes y maravillosas instituciones.

El General Morazán vuelve de Guatemala con su cabeza coronada de laureles y se oculta modestamente en el silencio de su hogar.

No tiene mando alguno cuando la Patria Vieja, la Patria Grande le aclama como Presidente de la República Federal de Centro América.

Gobernante de una gran Federación, descuella como el más avanzado reformador de su tiempo en la América Española.
Ningún héroe, ningún patriota, ningún república ha muerto con más fe que Morazán en el progreso indefinido de la libertad.
Ninguno, que yo sepa, ha pedido a la juventud que imite su ejemplo sublime de sacrificarse por la patria.

El se declara inculpable y sin rencores en presencia de sus verdugos, y con acento de apocalíptica tristeza afirma que los últimos latidos de su poderoso corazón se llevan a ultratumba su invencible amor a Centro América.

El patíbulo del General Morazán es para él una luminosa transfiguración; es “esplendente nube en que puso firme el pie para remontarse al cielo”.

¡JUVENTUD, a quien el prócer encomendó la coronación de sus esfuerzos malogrados! Apercíbete a desarrollar con valentía los gérmenes de nuevas creaciones y de vida nueva que llevas en tu alma, porque la sombra de Morazán estará moviéndose inquieta hasta que un espíritu de los suyos vuele como la paloma de Noé, llevándole el mensaje de la resurrección de la Patria, mientras llega la procesión de los nuevos mártires que deben ir a confundirse con él en la inmortalidad.”

Última modificación: 6 de abril de 2010 a las 01:04

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