Congreso Nacional reprobado en Democracia I

Los reprobados mostraron una clara falta de interés e inteligencia, y desafortunadamente no aprovecharon las enseñanzas que, en forma gratuita, les ofrecieron el pueblo de Honduras en resistencia y la comunidad internacional durante cinco meses. No leyeron, no hicieron las tareas, y a la hora del examen se pusieron a chepear entre ellos; todos dijeron las mismas burradas (con el perdón de Palmerolo).

No lograron superar la retórica fascista de la santísima trinidad de “dios, patria, y familia”, aunque hay que reconocer que aportaron un nuevo elemento folclórico y novedoso al agregar a las glorias del régimen de facto la clasificación de la selección de fútbol al mundial 2010, hecho que, según uno de los vociferantes, convierte a Honduras en una democracia.

Por lo demás, ninguna novedad en sus discursos: la ratificación del golpe de estado fue justificada por un arco iris de amores: a la patria, a la constitución, a la democracia, a los hijos, a los nietos, a dios, a la bandera, etc; por la novedosa figura legal de presunción de culpabilidad y la repetición de las graves acusaciones por delitos no cometidos, pero sí imaginados, según ellos, por el presidente Zelaya.

Ni se molestaron en contestar los argumentos de los pocos diputados que razonaron y fundamentaron sobre la ilegalidad de los actos, la carta falsificada, y el decreto de destitución del 28 de junio. Ajenos por decisión propia al pensamiento y la decencia, dejaron pasar el tiempo chabacaneando y jugando con sus celulares, confiados en los poderes ilimitados de la aplanadora que por segunda vez se pasó por el trasero la constitución, todavía eufóricos por lo que consideran su gran triunfo en las famélicas elecciones con las que GORILOBO espera suceder a GORILETTI en la labor de destrucción de la democracia en Honduras.

Ya empezó Gorilobo a lamer las botas de los militares con la esperanza de que no le den el golpe, y a hacer comentarios despectivos sobre la resistencia que se negó a participar en sus “diálogos” y sobre las decisiones de los países que, tercos, no quisieron hacer caso a la predicción golpista de que la actitud traidora del monigote Arias iba a desencadenar un efecto dominó de reconocimientos internacionales. Fiel a su naturaleza de bellaco, lame hacia arriba y escupe hacia abajo. Pero no estábamos hablando de Gorilobo; ya tendremos ocasión de sufrir su demencia y denunciar sus atrocidades. Hablamos de los diputados reprobados.

Les dimos la oportunidad de limpiar su primera cagada, y lo que hicieron fue cagarse de nuevo; quizá creen que es gracioso y que el mundo entero se los va a celebrar. Volvieron a desfigurar un acto oficial en un país laico con sus ridículas invocaciones a dios, agarraditos de las manos, sin terminar de entender que, si les ofrecimos la otra mejilla, fue para darles una oportunidad de comportarse como gente decente y corregir sus actos criminales, y no para que nos dieran otra cachetada sintiéndose los dueños del país.

Perdieron la oportunidad, perdieron el examen de democracia, perdieron la decencia. No ha sido sorpresa para nadie, ya sabemos que los diputados y las diputadas reprobados y reprobadas, están allí para obedecer órdenes de otros señores, no las del soberano en el que sólo se fijan cuando andan en campaña, mendigando votos para quedarse cuatro años más en su feliz y omniótico estado de parásitos. Nuestros problemas los resolveremos sin ellos hoy, mañana, o dentro de diez o cien años. Ahora sólo les mando a decir que no hay examen de recuperación. Pero somos decentes y les vamos a dar el curso otra vez, hasta que se lo aprendan o se vayan a echar pulgas a otro lado.

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