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Salud Laboral

Editorial

Durante los últimos meses, de manera sistemática, muchas empresas maquileras han decidido suspender temporalmente operaciones o cerrar las fábricas, dejando cerca de 16 mil trabajadores en el más completo desamparo y en una situación económica bastante complicada, que afecta no solo al o la trabajadora, sino a su familia en general.

La acción empresarial está basada, según ellos, en la situación económica generada por los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos y por el proceso de desaceleración y posterior recesión económica de este país, lo que significa para Honduras una disminución de la demanda de ropa que aquí se produce para el mercado norteamericano.

Como es lógico pensar, las justificaciones no faltan a la hora de tener que afectar a la clase trabajadora y sobre todo cuando se trata de trasladar el costo de las crisis del mercado a las y los obreros, que siempre deben cargar con la irresponsabilidad de los empresarios y la voracidad de los mismos.

Pero muy a pesar de lo que dicen los dueños de empresas, los cierres y las suspensiones no solo se deben a la falta de demanda de productos para Estados Unidos y la ya mencionada desaceleración económica, sino a astutas maniobras patronales para reducir los costos de operación, suspendiendo en algunos casos por cuatro meses a las y los trabajadores con el fin de evitarse pagar salarios y algunos beneficios sociales.

Son repetidos los casos de suspensión donde, aun no cumpliendo con los términos legales correspondientes para el cierre temporal de la producción, las empresas mandan para la casa a las y los obreros aduciendo falta de materia prima, mientras a escondidas continúan produciendo o sacando materiales para que otras fábricas les terminen el trabajo y de esta manera pagar solo servicios y no beneficios sociales.

Es interesante observar, que muchas de estas empresas donde se han dado las suspensiones, han quedado pendientes las negociaciones de las contrataciones colectivas y donde existe la presión sindical por mejorar las condiciones laborales. Además en ninguna de estas maquilas se han encontrado razones de suspensión que no sean imputables a sus dueños, lo que demuestra una especie de maniobra empresarial por aprovechar una coyuntura para que a la larga les resulte económicamente conveniente.

Por otras parte, en las empresas que ha tenido que cerrar, como el caso de Interfashion, cerca de 3 mil personas quedaron sin empleo y la irresponsabilidad de sus dueños los dejó sin salarios ni prestaciones, deben hoy conformarse con a penas el 50 % de sus prestaciones, por la astucia y voracidad del sector bancario y esperar, hasta a saber cuando, el pago de la mitad de sus derechos.

Es por eso que pensamos que el gobierno no solo debe hacer respetar los derechos de las y los trabajadores sino, establecer mecanismos que le permitan a estos tener un respaldo de cesantía y suspensión, dado por los mismo empresarios del sector maquilero y que sea utilizado en los llamados momentos de crisis del mercado, para que la familia obrera no deba cargar con los costos negativos y la deficiencia empresarial en las maquilas y para que de una vez por todas se frenen las suspensiones tan repetidas por algunos maquileros.

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