EDITORIAL

El trabajo es una de las actividades por medio del cual el ser humano busca sobrevivir y superarse, pero esta actividad debe realizarse con las elementales condiciones laborales para los obreros.
Cuando estas condiciones desfavorecen a los trabajadores, por necesidad e iniciativa propia buscan organizarse haciendo uso de su derecho a integrarse en un sindicato, tal como lo permiten las normativas universales y nacionales. En Honduras, la empresa privada y en especial la industria maquiladora, se caracterizan por impedir contra viento y marea, y a cualquier costo, que los obreros gocen y disfruten del sagrado derecho a sindicalizarse.

Tales prácticas antisindicales se ejercen en multitudes de fábricas, tal como sucedió en la maquiladora de arneses AFL, localizada en ZIP El Porvenir, en El Progreso, Yoro, donde la decisión de los obreros de organizarse les costó despidos injustificados, hostigamiento, difamaciones, hasta amenazas a muerte, precisamente contra los seis dirigentes del sindicato que lograron conformar. Algo que se escapa del conflicto entre el sindicato y Alcoa Inc. la que elabora arneses para la Ford es la crisis automotriz vivida en Estados Unidos debido a los altos costos del combustible, provocando serias bajas en las ventas de estos automotores.

Las bajas ventas de carros americanos, con modelos de un consumo de combustible superior a los de fabricación japonés, provocó millonarias pérdidas en dólares y por ende el cierre de sus maquiladoras de arneses localizadas en el mismo Estados Unidos, México y Honduras. Entonces queda evidenciado que la responsabilidad del cierre de AFL en El Progreso y la reducción de un 30 por ciento de plazas en Choloma no recaen sobre los seis dirigentes del SITRAFLH, sino que es producto de una crisis que de manera indiscriminada afecta al mundo entero. Por mala intención y por su acostumbrada conducta antisindical los ejecutivos de esta maquiladora, la Cámara de Comercio e Industrias de El Progreso, alcaldía municipal y un grupo de exempleados de la fábrica, más la falta de responsabilidad y objetividad de un medio televisivo local, han puesto en peligro la vida e integridad física de los seis dirigentes del SITRAFLH.

A pesar de las amenazas a muerte de las que continuan siendo objeto los dirigentes del SITRAFLH, la creación de este sindicato deja la lección a todos los obreros y demás hondureños de que el derecho a la libre organización se debe respetar, pues es por la única vía en que los obreros pueden obtener mejores condiciones laborales y de alguna manera frenar los abusos de los malos patronos.

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