EEUU tiene la Tecnología militar para generar terribles catástrofes naturales

Chevige González Marcó/ Patria Grande

16/01/2010La tragedia de Haití generó expresiones inmediatas de cooperación por parte de decenas de países. El pequeño aeropuerto de Puerto Príncipe colapsó, ya Estados Unidos tiene control directo del aeropuerto.

Según Roger Searle, profesor de geofísica en la Universidad de Dirham (Reino Unido) El terremoto de Haití fue 35 veces más potente que la bomba de Hiroshima. El catedrático también comparó la energía liberada por el terremoto en el país caribeño con la explosión de medio millón de toneladas de TNT.

Sin embrago, según la tesis de Searle, la energía liberada en el terremoto de Haití es una centésima de la que estalló durante el devastador Tsunami en la denominada Banda Aceh, al sur de Asia. Sin duda ese tsunami y su poder destructor causó una terrible impresión en la humanidad.

Algunos lectores dirán: esos fenómenos son la consecuencia de la contaminación y la destrucción del planeta; otros dirán: los terremotos siempre han existido y forman parte de la forma como está constituído nuestro planeta; y otros se preguntarán ¿estos fenómenos tendrán únicamente causas naturales o alguna potencia interesada en seguir ocupando espacios estratégicos está detrás de un plan militar imperial de proporciones inimaginables?

La Fuerza Aérea Estadounidense desarrolla un peligroso proyecto, que parece sacado de una película de ficción, pero no lo es, y que la comunidad internacional no sabe si ya está en ejecución. Se trata del proyecto H.A.A.R.P., un sistema que puede generar violentos e inesperados cambios en el clima.

La traducción al castellano de las siglas H.A.A.R.P. es: Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia. Funciona a partir del ataque a la ionósfera con ondas de alta frecuencia con la potencia de 1GW, lanzadas a partir de un complejo de antenas ubicadas en Alaska. Los estadounidenses habrían logrado reproducir artificialmente una aurora boreal. Mediante este sistema pueden utilizar la energía que está presente fuera del espacio terrestre y reconducirla a los fines de generar bruscos cambios de clima. De esa forma se podrían utilizar al H.A.A.R.P. como un arma de guerra.

¿Será el H.A.A.R.P. mito o paranoia antiestadounidense? No. En su resolución de 28 de enero de 1999 sobre medio ambiente, seguridad y política exterior (A4-0005/1999), el Parlamento Europeo señalaba que el programa H.A.A.R.P. manipulaba el medio ambiente con fines militares. El organismo europeo, lejano de sospechas de ser antiimperialista pidió que se estableciera un convenio internacional que prohibiera el desarrollo de la máquina del clima.

De acuerdo con investigaciones científicas precedentes y relacionadas con la manipulación de frecuencias en la ionósfera, se conoce que mediante satélites u otros instrumentos de reconducción se puede utilizar los llamados hipocampos que generan los H.A.A.R.P. para otros usos distintos al cambio climático, incluso para aspectos que no necesariamente son dañinos a la humanidad, como generar capa de ozono.

Los H.A.A.R.P. potencialmente tendrían también la capacidad, de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas. Investigaciones sobre el proyecto H.A.A.R.P. han surgido desde universidades estadounidenses y centros europeos.

Uno de los pioneros en la investigación sobre H.A.A.R.P. es Nick Begich, un investigador científico de Anchorage, Alaska, la región donde se ubican las antenas del proyecto. La investigación de Begich no fue sólo científica, sino también política. Descubrió las conexiones entre patentes reservadas y de carácter secreto del gobierno estadounidense, y luego de las empresas conexas que se iban haciendo cargo de patentes relacionadas. Entre ella denunció el investigador, habían algunas que se referían a “cómo hacer “Explosiones de tipo Nuclear sin Radiación”, sistemas radiantes de energía, el radar de sobrehorizonte, sistemas de detección para misiles que lleven cabezas nucleares, pulsos electromagnéticos antes producidos por armas termonucleares y otros recursos de la Guerra Espacial”.

Entre quienes han escrito sobre proyectos relacionados con los H.A.A.R.P., se encuentra Zbigniew Brzezinski, quien fuera asesor de seguridad del ex presidente Jimmy Carter, y a quien relacionan con la tendencia política dentro del sistema de poder estadounidense que representa Barack Obama. Brzezinski se refirió a las alternativas existentes para lograr cambios en el pensamiento de los seres humanos y en la guerra ecológica. Dijo que a pesar de las incomodidades que podría generar eso en ciertos sectores, el uso de tecnologías como los H.A.A.R.P. era inevitable.

¿Representaba una amenaza Haití para los intereses estadounidenses?, evidentemente no, tampoco es una nación que a simple vista posea recursos naturales indispensables para Washington. Lo que si representa Haití es una posición geográfica clave en el Caribe, en el contexto de una Latinoamérica que está librando los procesos de recuperación de soberanía más importantes desde la Guerra de Independencia.

Es además Haití, uno de los países más pobres del mundo, tratado tanto por EEUU como por algunas potencias europeas como un campo de experimentación. Del Imperio pocas cosas se pueden dudar.

WASHINGTON SIGUE UNA ESTRATEGIA.

Los viejos manuales de estrategia enseñan un principio: La mejor conquista es aquella que se hace en carácter de “salvador” y no de “invasor”. Es la lógica del Chapulín Colorado.

Las potencias, la ONU, los gobiernos mundiales, las organizaciones internacionales, están pidiendo el “orden” y el fin de la violencia social que les permita ayudar y reconstruir a la devastada Haití.

Pacientemente, Washington (la potencia imperial hegemónica), esperó que se dieran las condiciones (profundización de la tragedia) para ingresar a Haití como el “gran salvador” montado sobre el corcel de una flota nuclear y con suficiente logística militar y tropas especiales para actuar en las zonas de conflicto del país devastado.

Esta vez, la operación no se llama “invasión militar” sino “misión humanitaria”.

Que, en los hechos, en el teatro de operaciones, consiste en rodear a Haití con un “anillo nuclear” (portaviones, barcos, aviones y submarinos con capacidad nuclear) y desembarcar varios contingentes de tropas especiales (una brigada de la 82 División Aerotransportada de EEUU ya está en Puerto Príncipe y los marines ya tomaron el control del aeropuerto).

Desde este lunes, y con el dispositivo nuclear-militar desplegado y posicionado, Washington parece emitir un mensaje: Señores, uds. pedían el orden y el control militar, y nosotros somos los únicos capaces de realizarlo.

Al Imperio solo le falta una cuestión burocrática: Que las potencias de la ONU (abrumadas por su incompetencia y por la profundización de la violencia social en Haití) permitan que las tropas estadounidenses reemplacen a los inoperantes Cascos Azules en el control militar de todas las áreas estratégicas del país. O sea, una ocupación militar efectiva de Haití.

Como diría un experto: La tragedia de Haití, llegó con un pan bajo el brazo para el Imperio yanqui.

Mientras tanto ¿Qué son 200.000 muertos más en la larga historia de exterminio masivo de “población sobrante” por parte de EEUU y de las potencias centrales del sistema capitalista

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