Honduras, el punto negro de Latinoamérica en ataques a los periodistas

El pasado 11 de mayo fue asesinado a balazos en Morazán (norte del país) el periodista de Omega Visión TV Héctor Francisco Medina Polanco, asaltado cuando salía de su trabajo.

Con Medina son ya 11 los comunicadores asesinados en Honduras desde el Golpe del 28 de junio de 2009, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Además, este viernes murió en un ataque el empresario de la comunicación Luis Ernesto Mendoza Cerrato, dueño de un canal de noticias locales.

Esto sucede mientras se negocia el regreso de Honduras a la Organización de Estados Americanos (OEA) y algunos gobiernos discuten colaborar con el ejecutivo de Porfirio Lobo (ganador en 2009 de unas elecciones no reconocidas por países como Argentina, Brasil o Venezuela).

El país más peligroso

“Honduras ya era un país peligroso para el ejercicio del periodismo, por la existencia del crimen organizado, las maras o el narcotráfico. Pero desde el golpe de Estado de 2009 se suma también la violencia política contra medios críticos o de oposición”, explica Benoît Hervieu, representante para América de Reporteros Sin Fronteras (RSF).

Según esta organización, que en 2010 calificó a Honduras como el país más peligroso del planeta para la seguridad de los periodistas, en los últimos meses han aumentado los obstáculos al pluralismo y la libertad de expresión.

“Las agresiones y amenazas contra los medios que se posicionaron en contra del Golpe de Estado son casi permanentes”, le dice Hervieu a BBC Mundo.

“Y los grandes medios hondureños casi no reportan las persecuciones a radios comunitarias, las amenazas y los atentados a periodistas críticos”, advierte.

Temas tabú

Radio Progreso es uno de los medios que desde hace dos años viene exigiendo a las autoridades proteger efectivamente a los comunicadores y esclarecer el asesinato de periodistas.

Esta emisora, de inspiración cristiana y con sede en el departamento de Yoro, fue ocupada por militares el día del Golpe y obligada a salir del aire en aquella jornada.

Una de sus periodistas, que prefiere no revelar su identidad por motivos de seguridad, le asegura a BBC Mundo que la situación no ha mejorado desde entonces.

“Cada vez es más difícil ser periodista aquí. Cada asesinato y atentado lleva un mensaje: si tocas los grandes intereses corres el riesgo de ser el siguiente”, asegura.

Esos temas incluyen el avance del narcotráfico en el país, informaciones relativas a grandes empresarios o el reporte de violaciones a los derechos humanos, dice.

Tras las amenazas recibidas, los trabajadores de Radio Progreso ya están tomando medidas de autoprotección, como viajar en grupo cuando tienen que cubrir los hechos, tomar diferentes rutas de camino a casa y salir de la radio a diferentes horas.

“Tendencia patológica”

La intensificación de los ataques a comunicadores ha despertado la alarma de organizaciones internacionales y de Derechos Humanos.

La OEA, el organismo al que el presidente Lobo aspira a reintegrarse tras la suspensión de Honduras en julio de 2009, exhortó al ejecutivo a “crear cuerpos y protocolos especiales de investigación, así como mecanismos de protección destinados a garantizar la integridad de quienes se encuentran amenazados por su actividad periodística”.

Por su parte, el Comisionado Nacional de Derechos Humanos de Honduras asegura que la muerte de periodistas “muestra una tendencia patológica dentro de la sociedad hondureña, más aún cuando el Estado no tiene la adecuada investigación para determinar la autoría directa o indirecta de estas muertes”.

En septiembre de 2010, el Congreso aprobó la creación de una secretaría (ministerio) de Derechos Humanos, impulsada por el gobierno de Lobo.

Según las autoridades, esta institución analizará “caso por caso” las violaciones de derechos humanos y ayudará a modernizar un país aún marcado por los sucesos de aquel 28 de junio.

BBC Mundo se puso en contacto con el gobierno hondureño para conocer qué acciones concretas se estaban desarrollando para garantizar la protección de los periodistas y la investigación de los asesinatos, pero no obtuvo respuesta.

Por Ida Garberi

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