La Resistencia de El Progreso rinde homenaje al Compañero y hermano Herminio Deras !

*Su ejemplo vive y perdura en la memoria de un pueblo en lucha *

Herminio heredó de su padre el carácter fuerte y el anhelo de trabajar. A sus doce años no se negaba a subirse un canasto a la espalda para ir a vender a los campos bananeros. También trabajó con los chinos, en una pulpería del barrio El Centro de El Progreso, salía a vender en una carreta y distribuía los pedidos que hacían a la pulpería. Así conoció la pobreza extrema que se vivía en ese tiempo y fue adquiriendo la vocación de servicio.

Herminio Deras nació en 1941, en la aldea Camalote de El Progreso, Yoro, proveniente de una familia muy pobre. Su padre un agricultor y maestro de obras y su madre ama de casa, luchadora, honesta y trabajadora.

Estudió en la Escuela Cabañas. “Su profesora Elsa Martínez, me decía: (nunca he tenido un alumno como Herminio). Viera que muchacho tan inteligente, tan bien portado; nunca fue malcriado, desobediente, nunca me dijo no, cuando lo mandaba para dentro de la casa”, cuenta doña María García, madre de Deras.

Trabajaba en el día y por la noche estudiaba Bachillerato en Ciencias y Letras en el Colegio El Progreso, posteriormente se trasladó al Instituto Patria, de La Lima, Cortés. Herminio era visionario porque sabía que un pueblo educado es un pueblo en desarrollo.

Con una conciencia social y compromiso con el dolor ajeno, a los 17 años ingresa al Partido Comunista de Honduras. Tenía en mente cambiar el sistema represivo y de injusticias. Años más tarde a través de una beca estudia magisterio en la Escuela Normal de Varones de Tegucigalpa.

“Era un hermano que los trataba con respeto, era como un padre más, siempre estaba atento a que nosotros hiciéramos lo correcto, pero con el consejo y el ejemplo; siempre decía que la mejor manera de decir era hacer, entonces lo que él hacía era un ejemplo para nosotros; era una persona muy estudiosa y preparada”. Recuerda su hermano Luís Deras.

Herminio era optimista, alegre, le gustaba la música romántica, los encuentros familiares, la poesía, la escritura, muy ameno en las reuniones, le encantaba ir al río.

Le gustaba el deporte y por muchos años jugó fútbol en el equipo Honduras. Le decían “La Liebre”, por su rapidez para correr, aún en la clandestinidad continuó jugando y por medio del fútbol consiguió trabajó en la Tela Road Rail Company, donde trabajó cortando fruta. Se convirtió en dirigente sindical y estuvo pendiente de que los obreros recibieran un trato justo.

En 1969 cuando cumplía 28 años, contrajo matrimonio con Otilia Flores, con quien procreó dos hijos: Lorena y Herminio a quienes inculcó el compromiso con el pueblo y el servicio a los demás.

Se caracterizó por la solidaridad con los demás, sobre todo con las víctimas del desorden social, injusto y explotador. Además de maestro, fue dirigente político humanista. De ahí su creencia firme en la unidad.

Por su talento de educador, su carisma y su beligerancia para garantizar el respeto a los derechos humanos, el 29 de enero de 1983, fue asesinado en San Pedro Sula por miembros del Batallón 3-16, un escuadrón de la muerte organizado por el Estado de Honduras con el apoyo de los Estados Unidos.

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