Cerró Paraíso Otra organización destruida

Después de varios años de hostigamiento, suspensiones temporales y maniobras legales para destruir la organización sindical, la empresa Paraíso ha cerrado operaciones definitivamente al finalizar una suspensión de cuatro meses y terminado así con uno de los primeros y más combativos sindicatos que con sacrificio se lograron organizar en la maquila.

Paraíso era una empresa de capital coreano que comenzó funciones desde 1991, ubicada a orilla de la carretera en la salida de la ciudad de Choloma hacia Ticamaya. Elaboraban camisetas para las Marcas KEYMART y Walmart, la cual se retiró entre abril y mayo de este año.

Desde el 7 de julio de 2005 Paraíso suspendió a 466 personas por 120 días.

La empresa argumentó que tenía falta de contratos debido a la competencia de China.

El sindicato, a través de su apoderado legal Salvador Espinosa, presentó oposición a la suspensión el 5 de julio, pero la Secretaría de Trabajo respondió hasta el 23 de agosto y se entró a periodo de pruebas, en una clara complacencia o complicidad con los actos irregulares.

El jefe de personal, Carlos Bonilla, estaba también suspendido, pero desde el inicio de la suspensión por instrucciones del Gerente Daniel Cho y el apoyo del apoderado legal Juan Carlos Espinal San Martín, comenzó a llamar trabajadoras a las oficinas en la empresa para negociar las prestaciones. Al inicio ofrecía un 50 por ciento y a algunos ofreció más para convencerlos que se fueran. Entre las despedidas están unas 25 mujeres en periodo de maternidad.

La suspensión es calificada por los dirigentes del sindicato como una maniobra para destruir la organización. En ese momento estaban en la negociación del IV contrato colectivo y al 14 de mayo habían negociado las cláusulas del mismo.

Desde hace varios meses Paraíso mantenía 140 a 160 contratados temporales por dos meses, los cuales recontrataba y habían acumulado casi un año, sin lograr la permanencia. La empresa la fueron reduciendo y 12 líneas sólo quedaban seis. Los contratos y trabajo de Paraíso se distribuian a otras empresas, entre ellas Hansoll y Corazón Aparell.

El presidente actual del sindicato, Nelson Paz, tenía 7 años de laborar y Maria Vásquez, que fue presidenta del 2001 al 2002 y era la secretaria General, tenía 8 años. Sólo había unas 8 personas que tenían 14 años de laborar y unos siete que tenían 5 años. El fiscal del sindicato tenía cuatro años de laborar y negoció prestaciones al iniciar la suspensión. Carlos Bonilla llamó también al presidente, pero este rechazó la propuesta y denunció las artimañas de la empresa.

Los dirigentes del sindicato se quejan abiertamente de la falta de apoyo recibida de parte de la Federación Independiente de Trabajadores de Honduras FITH, quienes dicen que prácticamente los abandonaron. Sin embargo, por convicción propia se mantuvieron hasta el final.

Durante una suspensión anterior, 346 trabajadoras aceptaron irse con el pago de la mitad de lo que les correspondía como prestaciones. Para que se fueran contribuyó el licenciado Jorge Inestroza que les sirvió de apoderado legal, por lo cual les cobró supuestamente unos 400 mil lempiras.

Les estorbaba el sindicato

El sindicato constituía un estorbo para que la empresa cometiera las violaciones a los derechos laborales. Se había denunciado a los supervisores y supervisoras coreanos por abusos, gritos e intimidaciones. Un jefe coreano fue despedido el 2003 porque les faltaba al respeto y golpeó a un trabajador de plancha.

El sindicato también reclamó a la empresa porque se estaban robando parte del cotizaciones al Instituto Hondureño de seguridad Social, al cual apenas tenían un año de haberse afiliado. La empresa deducía a los trabajadores en base a todo el pago, pero entrega al seguro las cotizaciones en base al salario mínimo. De esa manera las indemnizaciones les salían incompletas a los trabajadores. En el IHSS no se le dio agilidad a la investigación de la denuncia presentada formalmente.

Paraíso siempre estuvo afiliada a la Asociación Hondureña de Maquiladores, la cual conoció de estas arbitrariedades, pero en lugar de intervenir para corregirlas mas bien han sido un apoyo para que los empresarios atropellen a los trabajadores.

En la oficina de recepción de la empresa siempre estuvo colgado un código de conducta de walmart y Kolls, quizás como adorno, porque lo allí expuesto nunca tuvo aplicación en Paraíso.

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