CIEN AÑOS DE SER UNA REPUBLICA BANANERA EN LAS MISMAS Y PEORES CONDICIONES

Las Tres Luces

En 1902 —mal presagio— se habían presentado tres candidatos a las elecciones. La prensa política, con agudeza y sarcasmo, los comparó respectivamente con la luz eléctrica, la luz de gas y la luz de ocote. Marco Aurelio Soto, que volvía de París, era la electricidad, el candidato de lujo.
Ocupó el último lugar.

Juan Angel Arias, que representaba al Partido Liberal en el poder, hijo y nieto de jefes de Estado, representaba a su vez la luz de gas, que aunque más tenue que la eléctrica, alumbraba las calles de las ciudades modernas. Fue el segundo.
El olanchano Manuel Bonilla equivalía a la luz rural de la leña de los ocotes y, siendo el más popular, triunfó. Bonilla era un disidente de los liberales; se había desempeñado como Vicepresidente de Terencio Sierra, el titular del cargo y sucesor de Policarpo Bonilla. Para no confundirse con los apellidos y por aquello del personalismo propio de las diversas facciones, a los seguidores del fundador del partido les llamaban policarpistas, a los seguidores del “negro” Manuel, manuelistas. La agrupación que lo respaldó no obtuvo la mayoría requerida. Sierra impuso a Arias, Manuel Bonilla se fue a los cerros y venció.

Hizo lo que se estilaba: derogar la Constitución y promulgar otra, en 1904, y ya iban siete. Pero congregó a muy buenos juristas para que, estudiando códigos del exterior, prepararan todo el paquete de leyes secundarias, civiles, penales, de procedimientos. Esta codificación se aprobó en 1906 y resultó un corpus legal consistente, que si bien expresa conceptos jurídicos en boga a principios de siglo ha mantenido su vigencia hasta la época actual.

Antes, en 1904, había hecho su contribución al autoritarismo. La oposición, con su líder don Policarpo, se concentraba en el Congreso.

Disolvió el Congreso y puso en prisión a los principales diputados liberales y a su líder. En 1906 se dictó el Laudo del Rey de España sobre los límites con Nicaragua, iniciándose un proceso de delimitación de las tres líneas fronterizas, que habría de durar hasta 1992. En 1907 don Manuel fue derrocado por los liberales, otra vez con el respaldo del dictador nicaragüense José Santos Zelaya, y le sucedió don Miguel R. Dávila, que había sido su vicepresidente. Dávila restituyó la vigencia de la gloriosa constitución del 94.
Don Manuel, exiliado, se dedicó a conspirar. En 1911, la pretensión del gobierno de
Dávila de aprobar el Tratado Paredes-Knox le brindó la oportunidad para pasar al ataque y promover su revolución.
Mr. Zemurray

Los cultivadores hondureños de banano transportaban la fruta hasta la playa, allí era cargada en lanchones y de estos a barcos norteamericanos que la compraban y luego vendían en los puertos del Golfo de México, especialmente, en Nueva Orleans.

En la última década del XIX se incorporó la cámara refrigerada a las embarcaciones, lo que brindó más seguridad y rentabilidad al transporte y venta de la fruta. En la primera década del siglo XX, empresarios norteamericanos pasaron de ser compradores a cultivadores, obteniendo del gobierno de Honduras concesiones de tierra para plantar banano.

Los primeros concesionarios y plantadores fueron W. Streich y lo hermanos Vaccaro. Streich vendió, en 1905, su concesión a Samuel Zemurray, que organizó la Cuyamel Fruit Company. Los ítalo-americanos hermanos Vaccaro y los Dantoni fundaron la Vaccaro Brothers, en La Ceiba, que cambió luego su nombre a Standard Fruit Company.

El Departamento de Cortés, con su cabecera en San Pedro Sula, fue establecido en 1893; el Departamento de Atlántida en 1902. El Presidente Manuel Bonilla visitó oficialmente La Ceiba en 1904. En 1910 Puerto Cortés estaba superando a Amapala, como principal y más dinámico puerto comercial del país. La Costa Norte surgía. Seguía pendiente y seguía acumulando intereses la deuda con Inglaterra por el fiasco del ferrocarril.

El Tratado Paredes-Knox, por aprobarse en Enero de 1911, ofrecía una salida. La Banca J. P. Morgan de Estados Unidos se haría cargo de la deuda y daría satisfacción a los ingleses. Se impulsaría, hasta llegar de ser posible al Golfo de Fonseca, la construcción del ferrocarril, dándosele la concesión de su manejo a la Rosario Mining y a su gerente, don Washington Valentine. Como garantía para este nuevo pago de la deuda, el gobierno de Honduras ponía en prenda el ingreso de sus aduanas.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos supervisaría para que Morgan, Valentine y sobre todo la república hondureña cumplieran con el Tratado. Aunque auspiciado por su propio gobierno, a las empresas bananeras norteamericanas que estaban en fase de crecimiento este Tratado les molestaba.

Entendían que habrían de necesitar del ferrocarril para seguir creciendo, pero no de un ferrocarril controlado por “la Mina”. También iban a requerir paso franco por las aduanas pero el control de Morgan y el gobierno norteamericano sobre las mismas los excluía.
Mr. Samuel Zemurray financió la revuelta de Manuel Bonilla precisamente para evitarle estos contratiempos al emergente negocio bananero.

Por: Marcos Carias
20/06/2012

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