Edición 8

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Salud Laboral

Editorial
OJALA Y ELIJAMOS LO SEGUNDO

Para nadie es un misterio que las organizaciones sindicales de nuestro país están pasando por una de las peores crisis de su historia. Absurdo sería tratar de ocultar los problemas y las dificultades que afectan a las organizaciones obreras, ya sea desde el más humilde sindicato de base hasta la más grande central de trabajadores.

No podemos ocultar tampoco, la incapacidad propositiva de la cúpula sindical, ante la grave crisis económica que sufre la clase trabajadora o la falta de liderazgo en las mismas centrales, que más que “negociar” supuestos aumentos salariales cada año, se sientan a esperar cinco a seis meses para que la empresa privada, a través de sus representantes de gobierno, fijen a su antojo el salario miserable con que deben vivir millones de hondureños y hondureñas.

Esconder la gravedad de estos hechos, es tan grave como la falta de solidaridad de los sectores agremiados que hoy defienden sus limitados estatutos, arrinconándose solos en una lucha interminable contra el mundo, como si sus conquistas se hayan aisladas, olvidándose que fueron miles de obreros, campesinos, estudiantes y docentes comprometidos los que lograron arrebatarle triunfos históricos a los poderosos, con el fin de tener una educación digna y una mejor salud.

Al mismo tiempo, resulta desconcertante en estos años, de arremetida neoliberal, cuando pretenden despojamos hasta de la memoria, que la mayoría de dirigentes (salvo honradas excepciones) no impulsen alternativas de unidad para hacerle frente a la venta indiscriminada de la patria y al desmantelamiento sistemático de las conquistas sociales.

En esa línea, empresarios y funcionarios públicos nos quieren vender la imagen de que el famoso Tratado de Libre Comercio para las Américas, ALCA, es la solución a todos nuestros problemas.

Lo que pretenden en realidad los empresarios, el mal gobierno y el gobierno gringo es convertimos en un país maquila, adueñarse de los recursos más rentables de la economía nacional; diciéndonos, como si fuésemos un pueblo de papos, que si aceptamos el ALCA, cualquier hondureño(a) podrá vender tortillas en los Estados Unidos y hacerse millonario.

Cabe rescatar el ejemplo de solidaridad y compromiso de las organizaciones del Bloque Popular que han levantado valientemente la voz ante la ofensiva privatizadora y se han manifestado fuertemente contra la neocolonización de nuestra nación que representa el ALCA.

Indudablemente estos esfuerzos son pequeños y los problemas demasiado complejos y graves. Pero como dice el viejo refrán popular, no hay mal que por bien no venga, y pareciera que la zozobra, la miseria, el hambre y el desempleo nos están dejando solo dos alternativas: la primera es esperar a que el país se hunda en el desastre y el caos, dejando las cosas tal como están y que cada quien salve su pellejo como pueda y la segunda es unirnos los pobres, sacar a los dirigentes corruptos de las organizaciones y unidos gremios, organizaciones sindicales, campesinas y populares propugnemos un país más justo y solidario, donde todo sea para todos y donde por fin seamos dignos de habitar Honduras. Ojalá y elijamos lo segundo.

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