JUAN CANALES

Nació en San Pedro Sula el 27 de agosto de 1924, estudió los cinco años que comprendía la primaria en la Escuela Pedro Nufio. De pequeño fue rebelde, no le gustaba incluso el trato que le daba su propio padre porque tenía una actitud drástica. Estudió mecánica, electricidad, tornero, soldadura eléctrica y autógena en los Talleres de Artes y Oficios de la Escuela Nacional de Bellas Artes en Tegucigalpa.
Eran los años de 1949 cuando entró a trabajar a la Tela Rail Road Company. Ahí, Rodolfo Pastor Pasquel era déspota, pedante y pretencioso. Exigía que todos los obreros le saludaran al entrar a la planta. En Juan Canales había algo innato de rechazar todo lo que fuera injusto. Un día no le saludó, logrando ser sancionado y trasladado a Puerto Cortés. Acá se incorporó a los círculos de estudios del Partido Democrático Revolucionario Hondureno (PDRH) por medio del cual leyó El Imperio del Banano, Prisión Verde y la Carta Rolston, la cual fue publicada en Vos Obrera, órgano de comunicación del Partido, del que era distribuidor.

Su participación en la Huelga de 1954
En 27 de abril de 1954 la negativa de la empresa de no cumplir con la petición de los obreros para que se les reconociera como tiempo doble el domingo de ramos que habían trabajado generó que los dos mil trabajadores del departamento de la construcción de la bananera se paralizaran indefinidamente.
Ernesto Pérez Cano y Juan Canales estaban trabajando cuando les llegó la noticia. Al mismo tiempo que se desató un piquete de huelguista, tiraron una lluvia de piedra, y gritando que les pagaran justamente. Cano le dijo: (ahora hay que hacerle frente a esto. )Claro que no los vamos a dejar solos, le respondió Canales. Kenet, gerente del sector de Cortés dijo: -bueno muchacho abran los portones y vayan apoyar a sus compañeros. Hasta el momento nadie tenía la menor ¡dea de lo que se iba hacer.
Canales se sumó a la manifestación a liderar algunas acciones de organización. A las dos horas lo metieron preso, acusado hostigar y alterar el orden público, y por estar levantando los ánimos para hacer una huelga contra el gobierno. Esa noche la pasó bajo las celdas de la Penitenciaría Central (PC).
La mañana del 28 de abril, afuera de la PC se escuchaba la algarabilla de unos cuatro mil trabajadores y vecinos que gritaban: “Saquen a Canales”, “Saquen a Canales”. El Ministro de Gobernación, Antonio Inestroza, llegó a platicar con Juan

PRECURSOR DE LA HUELGA DE 1954

Canales a una oficina provisional, lo quedó viendo y le dijo: – Tú eres el revoltoso, tú eres el que tiene a esa gente ahí, provocando trastorno a la economía del país.
( No me diga esas cosa, usted bien sabe cuál es la situación de los trabajadores de Honduras) le contestó Canales. – Es que en todas partes se trabaja así. – Es que en todas partes se trabaja como esclavo. Nosotros somos gente que tiene derecho a reclamar sus derechos. Somos seres humanos. Además estas compañías han hecho lo que se les antoja y nadie dice nada, y es más en Honduras no hay un Código del Trabajo. – Pero hay unas leyes ahí… le refutó Inestroza. – Cuáles leyes laborales, las que ha hecho Juan Manuel Calvez. Uno llega al Juzgado del Trabajo a quejarse y lo que hacen es tirar la denuncia a la basura. – Sos un mal hombre, yo te puedo mandar preso a la PC. – Mándeme, no me importa, pero eso sí esa gente que está afuera no se va. – Fíjate bien lo que haces. Ándate. Terminó de discutir Inestroza.
Elaboró pliego de peticiones
Canales se dirigió para afuera donde estaba la gente, y les dijo que se calmaran porque esto era una huelga de gran magnitud. Inició durmiendo en las galeras del Estadio Exelsior de Puerto Cortés, donde se dieron algunas reuniones. Luego su casa se convirtió en un cuartel para planificar el resto de actividades. Cuando se formalizó la Huelga estuvo en el primer Comité Central de huelga. Acá tuvieron que echar mano los mejores cuadros del PDRH, porque la Compañía quería desarticularlo. Mandaron a traer a Eduardo Galiano para ver si la disolvía.
Al presentar el primer pliego de peticiones por cada terminal de la compañía, la cual sugirió que hicieran un único documento peticionario. Luego la Comisión de Cortés se fue a El Progreso a consensuarlas en la casa del profesor Julio C. Rivera, donde se elaboró el documento con los 30 puntos, los que Canales firmó.
Para la negociación se tuvieron que trasladar a San Pedro Sula, porque supuestamente en El Progreso los gerentes de la compañía se sentirían presionados. En plena negociación Grimber, gerente de la Tela dijo: – Ustedes ya tienen dos meses de huelga y esa gente se está muriendo de hambre. Nosotros quisiéramos sacar un pequeño tren para llevarles alimentos (con intensión de romper la huelga).
Canales pidió la palabra:
-Que raro y extraño, que ustedes que saben perfectamente bien que los obreros de esta empresa siempre se están muriendo de hambre, y hasta ahora estén preocupados porque no han comidc desde hace dos meses. Que interés pueden tener ustedes, ¿cuándo les ha preocupado?
-¿Entonces no se acepta?, le preguntó Grimber.
-No he dicho eso, vamos a un receso para consensuar, a ver lo que dicen los compañeros, exclamo Canales.
Chico Ríos dijo que se aceptaba en principio el trencito con alimentos ya que se sentía la necesidad que tenían las familias, pero la comisión de la Compañía creyó que era que ya se había terminado todo. Canales y el resto de compañeros se opusieron. La comisión de la Compañía alegó diciéndoles que ellos no eran los legítimos representantes de los trabajadores, que eran unos comunistas. Y las negociaciones se terminaron y se anularon los treinta puntos solicitados.
En las siguientes negociaciones que se hicieron debajo de la mesa, pusieron a líderes liberales que recibían dinero de Carias y de la Tela. Todo esto empezó a degenerar la Huelga. Luego la Compañía no quiso negociar con nadie, y lo único que quedó fue la organización. La Tela reconoció la organización sindical, pero dirigida por una tripleta de peones porque estaban de acuerdo con la patronal.
A Juan Canales nunca lo despidieron de la Compañía, no se presentó a trabajar durante los tres meses subsiguientes. Un día se fue a traer el baucher porque sus ex-compañeros le decían que fuera a cobrar. Para entonces no había reconocimiento de ninguna índole para el trabajador.

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