Edición 23: Francisco Ríos Herencia de lucha y victoria obrera

Leitzelar alborotó a miles de hondureños y hondureñas con las grandes ofertas de trabajo en el extranjero. Fueron miles quienes gastaron en obtener su documentación y anotarse ante una asociación fantasma de desempleados allegada del ministro, y perdieron varios días en largas filas para conseguir un cupo en los contingentes que saldrían para Europa, Oriente Medio, Canadá y Estados Unidos. A final el ex ministro se siente orgulloso porque según él logró que viajaran 45 compatriotas a Canadá. Los otros cinco mil que se enlistaron siguen esperando el llamado.

Leitzelar continuó desde el Ministerio la labor que en el campo privado realiza su bufete: defender a las transnacionales maquiladoras. Cuando hubo denuncias concretas sobre las violaciones a las trabajadoras y estas trascendieron hasta los Estados Unidos, el ministro en persona realizó un rápido paseo en la fabricas, acompañado de las cámaras, para tratar de desvirtuar las denuncias, en su cara las obreras reiteraron las violaciones denunciadas; pero el ministro insistió en que en la fabrica cuestionada había pleno respeto a los derechos laborales.

En su recuento de logros el funcionario labioso señala que por su intervención se evitaron 36 conflictos laborales. Esconde todos los cierres y suspensiones y despidos masivos en más de 30 empresas de maquila donde la Secretaria de Trabajo avaló el robo de por lo menos trescientos millones de lempiras que les correspondían en prestaciones. Más claramente debería decir que le logró resolver conflictos a los empresarios, desde luego en perjuicio de los trabajadores. De esos afectados todavía están luchando 17 despedidos de la cementera INCEHSA, quienes tuvieron que acudir a los tribunales al no ser capaz el Ministerio de Trabajo de hacer respetar las leyes laborales.

Alardea el ex ministro que logró consensuar cuatro negociaciones de salario mínimo. Pero no dice que confabulado con la empresa privado y ante la cobardía de las centrales obreras se sentó el nefasto precedente de violentar la ley del salario mínimo y negarles a los obreros el aumento retroactivo en el 2004, 10 cual sólo en la maquila significó robarles 70 millones de lempiras.

Leitzelar se siente orgulloso de haber participado en la negociación del TLC, que en la política significa colocar a la legislación nacional bajo el predominio del tratado, que desde luego es a favor de las transnacionales. Eso debe ser motivo de vergüenza y la clase trabajadora y Honduras en general sufrirá las consecuencias del entreguismo de los negociadores de ese tratado, a excepción del minúsculo grupo de empresarios que saldrán beneficiados.

Se logró generar 270 mil empleos, dijo el Ministro de Trabajo al terminar sus funciones. Otro gran engaño, ¿Dónde están esas plazas? Seguramente cuenta como nuevos empleos los que se reportan por empresas que únicamente cambian de nombre en una maniobra para evitar el pago de impuestos, destruir organizaciones sindicales y deshacerse del personal con mayor antigüedad. 0 quizás se refiere a los miles de nuevos vendedores que han aparecido vendiendo en los semáforos y las calles de las principales ciudades. Presenta como la gran novedad, “ única en Centroamérica”, de una oficina móvil que visitara las fabricas para dar mas acceso al Ministerio.

Esconde la intención de los patronos de tener mayor control de los obreros cuando acuden en búsqueda de ayuda. Dentro de las fábricas no podrán contar con el apoyo de ninguna institución. Si quisiera facilitar el acceso, en su administración no se hubieran cerrado las dos oficinas del Ministerio en los municipios de Villanueva y Choloma, se hubiera contratado más inspectores y dotado de vehículos y equipo de oficina.

Y para rematar, Leitzelar miente cuando dice que “se recuperó el proceso de sindicalización al grado que logró la constitución de 78 sindicatos en las maquilas”. Es exactamente al revés, en el gobierno anterior se destruyeron gran parte de los sindicatos que se habían logrado organizar años atrás. Ahora los sindicatos en las maquiladoras apenas llegan a diez. Los demás son personerías jurídicas que les conviene que se mantengan en los archivos para aparentar libertad sindical ante los organismos que vigilan estos derechos. En muchos casos ya no existe ni la empresa donde funcionaban esos sindicatos.

Leitzelar ya se fue. Los medios se encargaron de hacerle una falsa buena imagen, pero los trabajadores saben la verdad.

Ahora hay que ver lo que viene. Quisiéramos que la nueva ministra, de la cual no tenemos mayores referencias, sea más hechos y menos discursos, que trabaje porque se respete la ley por lo menos que hablé con la verdad.

Fuente: Vida Laboral Edic. # 23, Febrero 2006

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