La gran familia Amor y Vida

Un día, hace 13 años, nació así la fundación “Amor y Vida”, sin método ni modelos copiados de otros países. La entidad fue en aquella época la única de su tipo en Honduras y Centroamérica, que creó el primer hogar “Amor y Vida” en un local de la colonia Municipal, al sureste de San Pedro Sula, cedido por el padre Vicente Peris, párroco de la iglesia Católica del lugar.
En la actualidad, el orfanato funciona en un edificio propio en la Colonia del Valle, a orilla de la autopista a La Lima (atrás de la Dirección Regional de Tránsito) y alberga a 38 niños que viven con el VIH/SIDA,: 20 niñas de 5 a 18 años y 18 varones de 3 a 18 años. El local comenzó a construirse gracias a una maratón realizada por un grupo de hondureños residente en Washington, EUA, en un terreno municipal donado por el ex alcalde Roberto Larios Silva. Hoy se mantiene con donaciones netamente hondureñas realizadas por casas comerciales y personas particulares. “A pesar de la tragedia ‘ que pisa los talones de estas criaturas, somos una gran familia”, dice el director del hogar Raymundo Romero. “Conforme se va conociendo detalles sobre el SIDA, más y más personas nos visitan, por ejemplo, religiosos de varias congregaciones, estudiantes de escuelas, colegios y univerSIDAdes, sociólogos, delegaciones extranjeras y organizaciones sociales de todo tipo. Algunos jóvenes estudiantes y particulares llegan sólo a jugar con ellos, a en-tretenerlos, a hacerles la vida más fácil”, explica Romero.
Los niños y adolescentes internos reciben toda la atención necesaria, como educación, salud y ayuda sicológica y espiritual. Tienen a su disposición un pediatra, un psicólogo, enfermeras y personal de aseo y mantenimiento. Eso no impide que los niños con mayor edad aprendan también a arreglar sus dormitorios, barrer, trapear, proteger a los más pequeños y mantener aseados todas las áreas. En el hogar “Amor y Vida” funciona un kindergarten y luego pasan a cursar la primaria en una escuela fundada por monjas salesia(nas de la orden María Auxi¬liadora de la colonia San)doval, atrás de la colonia Satélite, sureste de San Pedro Sula, y en la escuela Edgardo Alanís Lagos de Calpules, donde se han incorporado y adaptado al sistema y a la interrelación social.
Además de aprender las primeras letras y cursar la secundaria, varios asisten, a clases de karate, borda(’ do, piñatería, repostería, cocina y costura. Según Romero, la idea es crear con ellos microempresas pero, si así los desean, pueden continuar estudios superiores. “Aquí se les cuida y se les da calor familiar )afirma. Los antirretrovirales, a veces donados por el Estado y el Fondo Global, les son administradores en tiempo y forma, y se alimen-tan con comida balanceada y abundante”.
El hogar no pide, no obliga ni ruega a nadie a colaborar, como política implantada por la presidenta de la Fundación. “Gracias a Dios hemos salido de muchos problemas con ayuda de personas e instituciones filantrópicas (a veces anónimas) que nos regalan víveres, verduras y frutas, utensilios, camas, ropa, carnes, alimentos enlatados, etc. y que siempre están pendientes de nosotros”, afirmó Romero.

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