Sin las remesas no hay gobernabilidad

Por si usted no lo sabía, las grandes agencias bancarias como Money Grand, Western Unión y otras más, han encontrado en los migrantes hondureños que viven en Estados Unidos una mina de oro, puesto que por el envío de dinero a sus familiares en Honduras cobran elevados tasas por el servicio que oscilan entre el 15 y 20 por ciento del total de esas remesas. Es decir, que por cada cien dólares que un pariente le envía, estas agencias bancarias se quedan con 15 dólares sólo por costos de envío. O sea que por 200 dólares que a usted le envíen, las agencias se quedan con 30 dólares, y el porcentaje de ganancias para los bancos así se va elevando. Entonces, si hablamos que en un millón de hondureños que viven en Estados Unidos y que el año anterior enviaron más de 2,600 millones de dólares, eso significa que estas agencias bancarias se quedaron con alrededor de 450 millones de dólares en sus bolsillos, sin mucho esfuerzo, pero a costas del sudor y sufrimiento de los indocumentados hondureños, quienes a diario sufren las persecuciones de la policía de migración, discriminaciones raciales y la desesperación por obtener un empleo ante la actual escasez de trabajo.

Rentable
Elvin Hernández, coordinador de Promoción Social del Equipo de Reflexión, Comunicación e Investigación, Eric, de la Compañía de Jesús, explica que los indocumentados hondureños no tienen esperanzas de obtener la reducción al menos de un 3 o 4 por ciento de la tasa de interés con el que se quedan las agencias bancarias por el costo de envío de remesas. “Hay que ver las dificultades que tienen los migrantes hondureños para generar dinero en Estados Unidos porque ahora hay demasiados indocumentados, cada día son más perseguidos y deportados, poca es la oferta de trabajo, pero los interés por el envío de sus re¬mesas no se reducen”, dice Hernández.
Es por eso que en la marcha del 17 de abril uno de los reclamos del Movimiento Popular es la drástica reducción del costo de las remesas que se embolsan las agencias privadas de remesas, así como crear una política de protección a los migrantes.

Una bomba de tiempo
A modo de dar atol con el dedo, lo único que el gobierno ha efectuado es el desembolso de 15 millones de lempiras, fondo que es destinado a las organizaciones que trabajan con los migrantes a fin de costear la repatriación de los hondureños que sufren percances o son en¬carcelados durante su recorrido hacia el “sueño americano”. “Esa cifra es un insulto para los mismos hondureños que viven en Estados Unidos porque esos migrantes son quienes sostienen gran parte de la economía del país a base de las remesas que envían. Es necesario que el gobierno y la empresa privada reconozcan el aporte que hacen los migrantes para enviar el sostén de sus familiares desde el país del norte”, reclama el Hernández.
El representante del Eric señala que gracias a las remesas que envía nuestros compatriotas es que en Honduras todavía existe un grado de gobernabilidad. De que no existieran las remesas, la crisis económica y política del país sería lamentable, y a pesar del elevado y persistente grado de corrupción y de la voracidad del sector empresarial con los productos de la canasta básica familiar.
Hernández dice que el alto costo de enviar dinero desde Estados Unidos esta acabando con la pa¬ciencia de los hondureños, pues¬to que ante la falta de protección a los migrantes, las agencias de remesas y demás bancos locales están haciendo el negocio de su vida gracias al esfuerzo de nuestros connacionales. La aplicación de la Ley del Hermano Ausente en otros países del área centroamericana dista mucho de lo que se debe efectuar en Honduras. En el caso de El Salvador, a los migrantes que residen en Estados Unidos se les brindan muchas medidas que ge¬neran la confianza para que retornen al país y puedan invertir en el, indicó Hernández.

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